Si te pasó a ti, nos pasa a todas.

Espacio de conversación y contención para todas nosotras, donde iremos subiendo testimonios/relatos de mujeres que pasaron por lo mismo de Antonia, y que lo quieran compartir para ayudar a otras mujeres a no sentirse solas y que se atrevan a denunciar.

Todos los relatos acá publicados son anónimos, respetamos la identidad.

 

Testimonio 1:

“Ese día me fui de tu casa choqueada, no entendía lo que había pasado. No todos los días uno se despierta con un weon encima tuyo, por ende, lograr caer en cuenta de lo que realmente significa eso, cuesta un poco. Uno trata de ponerlo dentro de los contextos normales, dentro de lo que uno conoce. Jamás se te ocurre que esto pueda pasar, y cuando pasa, lo único que quieres es negarlo, entonces le das cabida a cualquier mínima cosa que pudiera indicar lo contrario y eso confunde. O sea, “estuve” ahí desde al principio, pero no estaba realmente, entonces, ¿qué pasó? ¿qué nombre se le pone a eso?

Mientras caminaba por la calle a eso de las 7:30 am, sin saber muy bien todavía dónde estaba, trataba de entender. Con una sensación de mierda, con ganas de llorar me acuerdo que llamé a una amiga en piloto automático y le conté a la rápida lo que había pasado. No me acuerdo muy bien qué le dije y tampoco me acuerdo bien qué me respondió. Le corté. Lloré un poco. Seguí caminando sin saber a dónde iba, y entre la angustia pensaba ¿Será que yo inconscientemente participé de alguna manera? Es que no puedo entender cómo pasó eso “estando” yo ahí, pero no estaba realmente, ¿Será que yo quería y no me acuerdo? ¿dónde estaba? ¿será que hice algo, di alguna señal? ¿me violaron? De lo único que estoy segura es que yo dormía, y eso él también lo sabía.

De pronto me topé con calles conocidas. Estaba cerca de la casa de mi hermana, entonces la llamé. Mi hermana siempre se despierta tarde, y pone el celular en modo avión por lo menos hasta las 11, pero ese día no, ese día estaba despierta. Sigo pensando que fue una de esas cosas mágicas de hermanas y que no fue casualidad que estuviese despierta un sábado a las 7 de la mañana. Llegué allá y le conté todo. A esas alturas mi relato era un poco mecanizado, como desconectado, como queriendo que en verdad esto no hubiese pasado. De hecho, ya no estaba angustiada y casi sentía que podía estar exagerando de haber llegado a su casa a esa hora. Pero ella cachó al tiro, y me dijo: “vamos ahora a hacer constatación de lesiones”.
Tipo 8 de la mañana partimos al Servicio Médico Legal. “Hola, quiero hacer constatación de lesiones por abuso sexual”, le dije a la carabinero que estaba ahí. “¿Tiene la denuncia ante el fiscal?”, me preguntó, como si yo supiera de lo que estaba hablando. Con un tono y actitud muy poco amables me explicó que no podía hacer constatación sin denuncia. Podía hacer la denuncia ahí mismo, entonces la hice, pero sin dar nombres. Es que todavía estaba procesando, no quería hacer nada de lo que me fuera arrepentir después. Y lo más importante para mí en ese momento era constatar lesiones, nada más.
“Ok, hagamos la denuncia entonces. Cuénteme, ¿qué pasó?”, me preguntó casi con entusiasmo. Le conté todo, desde que me pasaste a buscar a mi casa a las 21:40 del viernes 1 de junio, hasta que llegamos a la tuya tipo 5am, cuando te dije que no quería que pasara nada y cómo, a pesar de eso, me despierto contigo encima. Le dije que sentí cómo entrabas en mi, 2 veces. Pero que no sabía si esto habría empezado de antes o me desperté justo cuando partió. Me desperté con esa presión ahí abajo. Me tomó unos segundos entender lo que estaba pasado, se me aceleró el corazón y dije “¡weon estoy durmiendo!” mientras hacía un gesto con el brazo para que salieras de encima. “Yo también” dijiste tú, mientras te acostabas al lado mío. “Él durmiendo?! Se puede?!”, pensé. “Dame la mano” me dijiste. No me moví. Entonces me dijiste de nuevo “dame la mano”. A la segunda lo hice… tenía miedo, quería mandarte a la mierda y salir corriendo, pero no sabía qué podía pasar si hacía eso. Entonces me quedé ahí, de espalda, mirando el techo, muerta de susto, con las manos tomadas. Teníamos las manos apoyadas sobre mi torso y podía sentir lo fuerte que latía mi corazón, pura adrenalina. Debe haber pasado como una hora y al fin me decidí a salir. Me vestí, bajé las escaleras, y tú atrás, algo me decías, pero no me acuerdo qué. Al fin, cuando estuve fuera de tu casa, en la calle, me sentí a salvo. “Lo que pasó fue confuso”, me dijiste, parado en la puerta de la reja que da a la calle. “Lo que pasó fue grave”, dije yo, y me fui.
“Voy a hacer la denuncia por violación”, me responde la carabinero después de escuchar la historia. Fuerte. Primera vez que consideraba la opción de que efectivamente yo había sido violada.
Acto seguido me pasan a un consultorio donde me entregan la pastilla del día después (muy importante, porque -dado que no me preguntaste, no sabías- yo no tomo pastillas e imagino que, así como no te aguantaste de violarme, menos te pusiste condón). Bueno, ahí una ginecóloga y su asistente me atendieron con pésima actitud, como odiando que yo estuviera ahí. Como si yo hubiese elegido que me pasara esto para ir a molestarlas un sábado en la mañana, tipo “hola, me puede violar por favor, que tengo unas ganas de ir a molestar a la ginecóloga y su asistente al servicio médico legal”. Ahora entiendo por qué dicen que este proceso es una mierda, porque lo es. Sacaron fotos y tomaron muestra de fluido en búsqueda de evidencia. No te quepa duda que ahí estaba tu asqueroso semen.
Tipo 12 de la tarde, todavía sin dormir, me fui al Hospital San José. Me senté en una de las sillas dispuestas en un largo y frío pasillo del sector de maternidad. Puras embarazadas esperando ser atendidas, y yo, esperando a que me llamaran para darme el tratamiento para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Después de una hora me llamaron para ponerme una inyección dolorosísima!! Me mareé, me dieron ganas de vomitar, lloré por segunda vez en el día y te mandé a la mierda por primera. ¡¿Porqué tenía que estar yo ahí pasando por todo eso!?! Qué rabia. Pasó otra hora y me llamaron de nuevo, ahora para darme como 20 pastillas, entre ellas, las que previenen el SIDA … ¡EL SIDA! …Palabras que van a haciendo realidad lo que no quieres, que fuiste víctima de violación.
Al fin, como a las 3 de la tarde, había terminado todo, sentía que la cara se me caía a pedazos, estaba cagá de sueño, sin ducharme, con la moral destruida, adolorida, enchuchada, y me llamaste tú: el violador. “jaja me estay weviando?!” Fue lo primero que pensé. Una parte de mi quería contestar y saber qué tenías que decirme, y me sentí culpable por eso. La otra quería mandarte a la mierda, decirte que eri un enfermo mental, degenerado, asqueroso, etc. Pero no, mi hermana me repitió mil veces que no hablara contigo, no vaya a ser que eso fuera a interferir con el futuro proceso de investigación. Te corté.
Los días que vinieron fueron días de confusión. Soy de esas personas que tiende a pensar que las cosas son culpa mía, y por ende me cuesta ver las cosas en perspectiva. Si esto le hubiese pasado a una amiga, encontraría demasiado obvio que hay que demandar al weon, “¡Ese weon tiene que pagar!”, le diría. Pero me pasó a mi y me pasó de una manera extraña. O sea, no es la típica imagen de violación que uno tiene en la cabeza, como que llegue un extraño te agarre en la calle, y en forma violenta te viole. Esto fue distinto. Pero, ¿menos malo? No fue violento, como en esa imagen, pero sí fue violento de otra forma. No tuve que pelear contra nadie, porque ni siquiera tuve la oportunidad.
La denuncia es algo que me ha costado. Poner su nombre y que empiece un proceso donde se ponga en duda lo que digo, donde es su palabra contra la mía, me asusta. También me asusta que esto se termine sabiendo, porque en verdad me da vergüenza, no quiero ser el centro de atención de nadie. Pero sí tengo claro que esto no puede quedar así. No puede quedar como si nada y que él siga adelante pensando que después de cosas tan graves como esta, nada pasa.
Y no es que quiera que “pague” por lo que me hizo, ni siquiera tengo rabia. Lo que me hizo ya está, no hay vuelta a atrás, la única persona que se puede hacer cargo de eso soy yo. Pero sí me preocupa que no se lo haga a nadie más. Eso no más. Pensé en formas, fuera de la denuncia, en que pudiese amenazarlo. De hecho, escribí un mail de amenaza que nunca envié.
Lo escribí con la idea de que quizás podría sólo enviar ese mail y quedarme tranquila con que nunca más lo haría, pero esa carta no me aseguraba nada. Él podría tomarla en serio, o no. Podría creer que lo peor que le puede pasar es recibir una amenaza, y hacer lo mismo de nuevo. ¿Y si la siguiente mujer hace lo mismo que yo, y se queda solo en amenazas? Entonces nada cambiaría: Si no lo hago yo, ¿por qué habría de hacerlo la siguiente, o cualquier otra mujer que pasara por una situación como la mía? Decidí que la única forma era poner la denuncia. Que quedara un antecedente, porque ya con un antecedente la cosa cambia. Que el weon supiera que estas cosas no las callamos, que estos actos tienen consecuencia. Quizás así la siguiente vez lo pensaría dos veces.”
Anónimo

Año 2018

ESTAMOS CONTIGO

 

Testimonio 2:

“Lo mío no fue una violación sino más bien un constante acoso que duró varios varios años. Comenzó en mi infancia cuando tenía 8 años y mi mamá me mandó a comprar dónde la vecina al negocio de la esquina, tenía que obligadamente pasar por el pasaje completo porque el negocio estaba en la esquina de mi pasaje. A mitad del pasaje había un vecino (hombre adulto de unos 50 años) asomado por la ventana a diario que de primera instancia me decía lo linda que me veía y yo como niña solo sonreía porque no le ví nada malo pero aún así me incomodaba, así fue durante años hasta que comencé a desarrollarme. Cuando crecí mi cuerpo lógicamente cambio y mi forma de vestir también pero con eso también cambiaron los “piropos” y la manera en la que este engendro se dirigía hacía mi siempre asomado por esa ventana, me daba tanto asco que sentía miedo pasar por ese lugar repulsión rechazo absoluto. “qué linda te ves mi amor ya usas sostén ya se puede apreciar tu cuerpo” luego fueron aún más fuertes las agresiones verbales “mi amor te estoy esperando en mi cama te haré de todo, chupare todo tu cuerpo” y yo en shock jamás le dije nada por miedo. Nunca mencioné nada a mi familia y sus agresiones seguían aún más fuertes “te haré esto te hare aquello pondré mi p**e en tu boca y tendrás que hacerlo todo te va a gustar. “Ven mi amor estás tan rica mi p**e te está esperando” y así aún más fuertes cada vez. Tan fuertes que no me atrevo a escribirlas por vergüenza. Mi mayor miedo era toparmelo en la calle e ir sola hasta que un día paso. Yo iba a la casa de una amiga y lo ví me miró y me sonrió de una manera muy perversa y yo atiné a agarrar piedras. Me acorrala y me dice al fin juntos y yo en ese minuto no demostré mi miedo solo mi enojo lo llene de insultos y el se reía más y me decía lo linda y exitante para el verme enojada. Yo creo que nunca me vio capaz de hacerle algo pero dió otro paso y le tire una piedra y luego otra hasta q se enojo y empezó a insultarme. En ese minuto comencé a correr (en ese momento tenía 18 años era de noche e iba a la casa de una amiga a 4cuadras de la mía) con miedo a que me viniera siguiendo corri corrí corrí hasta que llegue tan asustada a una esquina que no reconocí y llame a mi amiga (estaba en la esquina de su casa) estaba completamente perdida por el miedo de ese ser asqueroso que durante toda mi infancia y adolescencia me acosó y no me dejó en paz hasta que me vio con un pololo (otro hombre que para el significaba alguien más fuerte que yo, un par aunque mi pololo era completamente distinto a este ser repulsivo) cuando mi pololo supo le contamos a mi familia y yo solo lloraba por culpa y miedo. Lo denunciamos y mi denuncia ni prosperó porque el hombre “no me había golpeado ni me había violentado sexualmente” solo generó en mi el trauma de verlo y el rechazo de mi propio cuerpo,el sentirme culpable y sucia pero para carabineros no fue suficiente.
Creo que sí no hubiese Sido valiente ese día sin duda sería una víctima más de violacion pero el odio y asco acumulado hace años hacia él me hizo tener fuerza para darle muchos piedrazos.
Agradezco a la vida no ser una víctima más.
Abrazos a todas”
Anónimo
ESTAMOS CONTIGO
Testimonio 3
“Fui años abusada por mi ex marido…
Como era su mujer y le debía respeto también debía cumplir sus deseos sexuales cuando él quería. Esto sucedía cuando estaba siempre ebrio y terriblemente agresivo. Yo durmiendo él se quedaba tomando y después llegaba a tocarme entera y obligarme a acostarme con el. Esta es la historia resumida porque ya no quiero volver a reescribirla. Y hoy, viendo a Pradenas hablar, hizo revivir en mí los recuerdos más oscuros y feos de mi tiempo viviendo bajo un permanente  maltrato de toda índole. Verlo a él, fue ver a mi ex con su cara de cordero degollado, impávido e indolente.
Las abrazo fuerte!”
Anónimo
ESTAMOS CONTIGO
Testimonio 4

“Me desperté en un auto a las 8.30 am, camino a santiago, muy confundida y sin entender qué había pasado. No le tomé mucho peso a la situación porque estaba con mis “amigos”, sólo me reí y pedí disculpas porque me habían tenido que cargar hasta el auto. Nunca me imagine que algo contra mi voluntad pudiese haber pasado esa noche, estaba pololeando y podría contar con una mano a los hombres que les he dado el consentimiento de darme un beso.

Manejaba mi amigo, ese que quería un montón y que me sentía segura con él. Nos fuimos cantando todo el camino, riéndonos, pasandola bien como los amigos que éramos. Llegando a mi casa, me pregunta sobre qué me acuerdo de esa noche. Me puse un poco nerviosa, la típica caña moral que te baja porque quizás te mandaste un show o te caiste o fuiste mala onda. Le respondí que de verdad que no me acuerdo de nada, que mi memoria llegó hasta las 1 de la mañana. Me pregunta si me acuerdo si fumamos, y yo ahí ya me empecé a preocupar porque me di cuenta que esa noche estuve totalmente borrada. Ahí ya la angustia era tanta que no me salían las lágrimas y la voz, le pregunté que pasó y me dijo que dormimos juntos y que nos habíamos dado besos. Yo en estado de shock, jamás quise hacer eso, él era mi amigo que ya le había aclarado antes que no quería estar con él como algo más, yo estaba pololeando, y además, según otras personas, estaba totalmente borracha (así como nunca).
Me dejó en mi casa, y yo sólo estaba confundida, culpandome por todo lo que había pasado. ¿Por qué tomé tanto? ¿Soy una mierda porque le fui infiel a mi pololo? ¿Qué hago? ¿Qué pasó? ¿Me habrá tocado algo? ¿Le habré tocado algo? ¿le habré dado algún indicio de que quería estar con él esa noche? ¿es mi culpa? ¿es válido sentir rabia contra tí? Todas esas preguntas vienen, hasta que finalmente me sentí y me convencí de que toda la culpa era mía. Jamás me di el tiempo de pensar en mi hasta el año pasado. En ese momento sólo me sentía culpable por tomar y quería recuperar a mi pololo.
Hoy ya no me siento culpable, gracias al feminismo sé reconocer que fui abusada por mi amigo, ese que tanto quería y que le tenía tanta confianza. Ese que se aprovechó de mi estado vulnerable bajo los efectos del alcohol y lograr lo que quería, un beso (a su punto de vista romántico) y dormir conmigo. Duele un montón porque no sólo te sientes que se aprovecharon de tí, duele porque era alguien que te conoce perfectamente como para saber en qué estado estás. Duele porque abusaron de mí, y de mi confianza. Duele porque se minimiza un abuso porque no hubo penetración, duele porque para él era cosa de quedarnos los dos en silencio y quedaría en el olvido, cómo si yo pudiese olvidar algo así. Duele y sigue doliendo, pero hoy sin miedo y para nunca más callar.
Anónimo
ESTAMOS CONTIGO

 

 

 

 

25 julio, 2020

1 responses on "Si te pasó a ti, nos pasa a todas."

  1. En relación al post anterior que envié hubo un error, el virus NO es virus herpes, es virus papiloma humano (VPH), me traspapelé.
    Gracias.

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Sobre Frangipani

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